¿Por qué la leche materna es la mejor para el bebé?

Hay que comenzar diciendo que los seres humanos somos mamíferos y que por tanto no puede haber mejor alimento para un bebé recién nacido que la leche de su mamá. El hecho de amamantar y de ser amamantados es algo que nos define como especie, característica ésta que compartimos con las 5.000 especies de mamíferos que hay en la tierra.

Desde hace ya varias décadas la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) establecieron que la lactancia materna es la mejor forma de alimentación que puede recibir un bebé. Y por qué estas instituciones llegaron a esta conclusión, porque son muchos los estudios de investigación que han demostrado la importancia que la lactancia materna tiene para el óptimo crecimiento y desarrollo de las y los bebés.

A continuación mencionamos algunos de sus beneficios:

Posee un gran riqueza inmunológica lo que favorece la maduración del sistema inmunológico del bebé permitiéndole así defender mucho mejor contra muchas enfermedades. Hay evidencia científicas importantes que demuestran que la Lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses y luego con alimentación complementaria hasta los dos años o más previene contra: infecciones del aparato digestivo, infecciones respiratorias como neumonía y bronquitis, infecciones del tracto urinario y contra la otitis media, entre otras.

Así mismo hay evidencias que comprueban que la lactancia materna exclusiva y prolongada protege contra enfermedades crónicas durante la adolescencia y la adultez como la diábetes tipo I, diferentes tipos de alergias, la obesidad, la hipertensión, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer que pueden presentarse durante la infancia y la edad adulta.

Es un alimento natural y completo que cubre todos los requerimientos nutricionales del bebé durante los primeros seis meses de vida. Cambia su composición y se adapta a las necesidades del bebé. Permite una maduración progresiva del sistema digestivo, preparándolo para recibir oportunamente (a partir de los seis meses de edad) otros alimentos.

Es de fácil digestión porque tiene la concentración adecuada de grasas, proteínas y lactosa en equilibrio con todos sus demás componentes. Además provee las enzimas que el bebé aún no es capaz de producir. Esto permite que se aprovechen al máximo todos sus nutrientes y ayuda a evitar el estreñimiento y la sobre carga renal.

Después de los 6 meses continúa aportando al bebé un porcentaje significativo de los requerimientos nutricionales del bebé y garantizando la protección inmunológica.

Contribuye al desarrollo cognitivo de los bebés, y esto es gracias a los ácidos grasos esenciales presentes en la leche materna que favorecen el desarrollo del sistema nervioso.

Favorece el fortalecimiento del vínculo afectivo entre mamá y bebé lo que promueve la seguridad emocional y permite al bebé re-establecer la confianza, brindándole así mejores bases para ser independiente y establecer relaciones sanas en el futuro.

Favorece el buen desarrollo dento-maxilo-facial lo que favorece la masticación, la expresión mimética y el aprendizaje del lenguaje.